Por Luis Leyva (University of Notre Dame)

Cuando pensamos en el Cusco, es difícil no asociarlo con Machu Picchu, los incas y el turismo internacional. No obstante, ¿es solamente una ciudad que mira hacia el pasado o es que existe también un presente dinámico en ella? En Cusco post inca (Lima: Fondo Editorial UNMSM, El Lamparero Alucinado Ediciones, 2026), Américo Mendoza Mori cuestiona estas miradas estáticas proyectadas sobre el Cusco para examinar cómo se vive, imagina y construye cultura en una ciudad andina contemporánea. A través del análisis de discursos, proyectos y perspectivas sobre cómo se gestiona la cultura en el Cusco, el autor propone pensar en una ciudad post inca: una ciudad que no reniegue de su pasado incaico, pero que tampoco quede confinada a una representación de su identidad (y del quechua) asociada a ella.
El libro es producto de la tesis doctoral del autor, quien realizó trabajo de campo en Cusco entre 2012 y 2013. A partir del análisis de las representaciones de la ciudad, sus transformaciones urbanas y las actividades culturales allí desarrolladas, Mendoza Mori dialoga con distintas autoridades y gestores culturales del sector público y privado para comprender las posibilidades y limitaciones de la gestión cultural en una ciudad marcada por la enorme carga simbólica de su pasado. De ahí que el título del libro, Cusco post inca, resulte provocador para quienes asocian el Cusco y a la región andina solamente con el pasado y no con el presente: se trata, entonces, de llamar la atención acerca de las dinámicas contemporáneas que ocurren en la ciudad, de “hablar de la cultura del Cusco como asunto ciudadano” (p. 54). Esta perspectiva amplía la discusión más allá de los monumentos y espacios turísticos para abordar también la relación de las comunidades locales con la ciudad, el apoyo a las distintas iniciativas culturales y, particularmente, el rol del quechua como parte de la identidad indígena.
Un primer aspecto que resalta en el estudio de Mendoza Mori es la discusión sobre las maneras en que se ha concebido la cultura y la gestión cultural en el Cusco. El discurso regional que contrapone el Cusco con la ciudad de Lima ha sido clave para las reivindicaciones históricas y arqueológicas que permiten afirmar un lugar dentro de la narrativa nacional construida desde Lima. Sin embargo, aparece aquí una paradoja: esta reivindicación del Cusco como ciudad histórica termina reforzando una imagen estática de la ciudad al asociar lo cusqueño exclusivamente con un conjunto de elementos del pasado, tales como Machu Picchu, el Inti Raymi, los espacios y monumentos públicos e incluso el quechua, mientras que otras expresiones culturales contemporáneas quedan relegadas. El Cusco aparece, entonces, como una ciudad enmarcada dentro del circuito del turismo global donde todo gira alrededor de los turistas extranjeros que han gentrificado el centro histórico, relegando a los habitantes cusqueños a un espacio periférico dentro de las dinámicas culturales que ocurren en la ciudad. La discusión sobre cómo pensar la ciudad más allá del discurso patrimonialista e incaísta resulta fundamental: tanto los enfoques de las economías creativas, las industrias culturales o la “cultura viva” permiten examinar cuáles han sido las prioridades de las políticas culturales con respecto a la ciudad, sus habitantes y la noción de desarrollo asociada a cada una de ellas.
Un segundo aspecto por resaltar es el examen de los distintos proyectos de construcción de la identidad cusqueña y cómo ello privilegió una determinada manera de comprender la ciudad en detrimento de otras. Así, se hace una revisión de los programas indigenistas, los proyectos urbanísticos post-terremoto de 1950, la transformación de la ciudad y el renombramiento de espacios públicos, así como las limitaciones ideológicas y logísticas de la Dirección Desconcentrada de Cultura del Cusco para sostener propuestas culturales más contemporáneas. En todos estos casos, la huella del pasado pesa más que las dinámicas actuales, y ello va acompañado de una imagen (auto)exotizada e incaísta de la ciudad, donde la población queda relegada a un segundo plano. En ese sentido, se pregunta el autor acerca de la autenticidad cultural del Cusco, una cuestión que permite dirigir la pregunta hacia lo realmente importante: quiénes son los sujetos que habitan la ciudad y qué derechos se están disputando dentro de ella a través de la cultura. En otras palabras, ¿de qué manera los cusqueños buscan afirmar su identidad contemporánea y el reconocimiento de sus derechos en una ciudad que cada vez más se piensa para el turismo global y cuyas políticas culturales parecen sostener la diferencia entre incas (pasado) e indios (presente)?
Esta cuestión permite introducir un tercer aspecto central del libro: la discusión acerca del quechua como piedra angular para la afirmación de la identidad indígena contemporánea. El autor discute acerca de los problemas de “estandarizar” una variante del quechua que, además de ser una elaboración artificial, establece una jerarquía discriminatoria entre las distintas variantes de la lengua que se hablan en el país. Este es un punto central en la propuesta de Mendoza Mori: ¿cómo hacer para que el quechua (y sus hablantes) deje de estar asociado a “lo inferior” en contraste con el español (y sus hablantes)? En ese sentido, las propuestas patrimonialistas del Cusco y de estandarización del quechua impiden que los cusqueños quechuahablantes tengan una agencia propia ya que, para el turismo global, serían solamente “decoración”. Sin embargo, es precisamente este lugar periférico dentro de su misma ciudad lo que hace aún más problemática esa situación, y frente a la cual se ensayan diferentes propuestas para revitalizar el quechua y que la lengua sirva como base para la afirmación de los derechos de los cusqueños. Es allí donde la figura del gestor cultural resulta clave en tanto mediador y animador cultural que permite tejer redes entre diferentes instituciones públicas y privadas, así como con artistas y distintos colectivos para la implementación de políticas públicas, aún con todas las limitaciones existentes, ya sea por razones políticas, económicas o logísticas. Uno de los casos más interesantes del libro es el de la revista Noqanchis que, a pesar de su corta duración, cuestionó el discurso ahistórico de los sujetos quechuahablantes al presentar cómo el quechua y lo indígena pueden ser también modernos, fashion y beautiful. Ejemplos como este permiten pensar en otras maneras desde las cuales la afirmación indígena y del quechua responden no solo a una cuestión estética, sino también a una disputa por el reconocimiento de derechos indígenas en el mundo contemporáneo.
En resumen, en Cusco post inca. Cómo se vive, imagina y construye cultura en una ciudad andina contemporánea Américo Mendoza Mori nos invita a repensar nuestras ideas acerca del Cusco y el lugar que ocupa dentro del panorama cultural contemporáneo. Frente a una representación de la ciudad dominada por un enfoque patrimonialista y un discurso incaísta, el autor destaca la participación activa de sus habitantes en la producción cultural y las disputas por el reconocimiento de sus derechos. El quechua ocupa un rol central en este proceso, no solo como parte del patrimonio de la ciudad, sino también como una lengua viva que permite disputar su identidad, luchar por el reconocimiento de sus derechos y reivindicar su lugar en la sociedad contemporánea. El Cusco tiene un pasado enorme sobre sus hombros, pero también tiene un presente cultural muy dinámico y, esperamos, un futuro muy prometedor si se atienden correctamente los desafíos en cuanto a políticas públicas en esta ciudad post inca y, por qué no decirlo, también en el resto del país.
