
Por Luis Leyva (PUCP / UNQ)
Ubicado en el «Cinturón de fuego del Pacífico», el Perú es, junto a otros países, uno de los más propensos a registrar actividades sísmicas. Entre los terremotos más catastróficos que se recuerdan en el país están los de Cusco en 1650, Lima en 1746, Áncash en 1970, el de Pisco en 2007, entre otros. Si bien el sismo ocurrido el 21 de mayo de 1950 en Cusco destruyó buena parte de la ciudad, no hubo tantos muertos como los anteriormente mencionados; entonces, ¿por qué dedicar un estudio al respecto? Como señala Raúl Asencio en El terremoto de Cusco. Reconstrucción, Guerra Fría y utopías urbanas (Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 2025), esta catástrofe fue un evento global que colocó al Cusco en el centro de una serie de discusiones sobre proyectos de modernización urbana y desarrollo regional en el marco inicial de la Guerra Fría. En ese sentido, el estudio de las consecuencias del sismo y los debates acerca de la reconstrucción de la ciudad imperial permiten adentrarnos en la interacción entre actores locales y globales, cada uno con su propia agenda acerca de lo que ellos consideraban más adecuado para el Cusco.
El libro es un estudio cronológico que aborda, a lo largo de siete capítulos, el instante del sismo ocurrido durante la tarde del 21 de mayo de 1950, así como los vaivenes de los proyectos propuestos y ejecutados entre esa fecha y mayo de 1953. Al analizar las distintas iniciativas desplegadas para la asistencia y reconstrucción del Cusco, el libro se enmarca en una intersección entre los estudios sobre desastres, cooperación internacional, historia política, historia cultural, urbanismo e historia global. En conjunto, este marco interdisciplinario le permite al autor comprender las motivaciones y proyectos de diferentes actores que protagonizarán algunas de las discusiones y polémicas desarrolladas a lo largo del libro. Por otro lado, la elección de la estructura cronológica del libro resulta particularmente interesante: si bien en un inicio una narración de este estilo podría confundir y atiborrar al lector con información de varias personalidades y proyectos discutidos en simultáneo, la lectura en conjunto del libro mantiene un ritmo dinámico y genera una sensación -intencionada- de confusión y urgencia por una resolución, logrando empatizar temporalmente con la posición de los cusqueños en ese contexto específico.
La hipótesis central del libro es que el terremoto de Cusco de 1950 fue un evento global que abrió una ventana de oportunidad para repensar una serie de transformaciones -a nivel local como regional- que antes se veían como irrealizables. La destrucción del Cusco abrió una serie de debates acerca de cómo debía realizarse la reconstrucción de la ciudad, y los distintos proyectos e iniciativas presentadas reflejaban las distintas posiciones políticas e ideológicas de sus protagonistas, tales como Luis Valcárcel o Luis Miró Quesada Garland. Por otro lado, los debates acerca de la reconstrucción del Cusco también abrieron la posibilidad de repensar proyectos de desarrollo rural transformando las bases económicas y sociales de la región, es decir, buscando reemplazar el modelo de haciendas tradicionales por el de pequeños propietarios siguiendo modelos desarrollistas de “modernización democrática” bajo consultoría internacional. A nivel global, el terremoto en el Cusco llamó la atención de buena parte de la comunidad internacional, especialmente de la Organización de Naciones Unidas, así como de organismos de cooperación internacional de Estados Unidos, Argentina y España, quienes apoyaron al Perú enviando recursos económicos, humanos y técnicos no solo en un gesto de buena voluntad, sino también para avanzar en sus agendas internacionales, ya sea panamericanas, anti-imperialistas o franquistas, respectivamente.
Una de las principales fortalezas del libro es el análisis pormenorizado de los debates y discusiones de proyectos de reconstrucción del Cusco ocurridos en el periodo estudiado (1950-1953). Estos son vistos no solo desde el ámbito de las “ideas”, es decir, en tanto utopías urbanas, sino desde el contexto de urgencia de una ciudad en ruinas, las demandas de la población local por reconstruir sus viviendas lo más pronto posible y las necesidades políticas de un Manuel A. Odría que buscaba legitimar electoralmente su gobierno. En ese sentido, los problemas logísticos surgidos a lo largo del proceso de reconstrucción dan cuenta de las limitaciones en cuanto a la capacidad estatal para hacer frente a este tipo de desastres. Asimismo, la actuación de figuras como Luis Valcárcel o Alberto Giesecke permite comprender cómo determinados actores locales funcionaron como mediadores entre agentes nacionales e internacionales durante el proceso de reconstrucción de la ciudad.
Otro de los aspectos a resaltar con respecto al libro es el análisis que realiza con respecto a los distintos proyectos de cooperación internacional que llegaron al Perú con el objetivo de apoyar a las víctimas del terremoto y con la reconstrucción de la ciudad, resaltando los casos de Argentina, Estados Unidos y España. El caso argentino buscó mostrar la solidaridad latinoamericana anti-imperialista y las bondades del Justicialismo peronista a través del envío de brigadas de salud y rescate en apoyo de los heridos. El análisis del caso estadounidense rescata dos proyectos específicos: por un lado, el Plan de Richard Hudgens, quien buscaba un proyecto de desarrollo rural de corte desarrollista siguiendo el modelo de la Autoridad del Valle del Tennessee (AVT); y el Informe de George Kubler, que sirvió como modelo para pensar, desde una perspectiva culturalista-turística, la conservación de monumentos históricos en la reconstrucción del Cusco. El caso español, no obstante, es el más desarrollado: según Asencio, la necesidad del régimen franquista de acceder a la ONU motivó el despliegue de estrategias de diplomacia cultural, encontrando en los delegados latinoamericanos de la Unesco a una serie de aliados potenciales que le permitirían reintegrarse, por esa vía, al sistema de Naciones Unidas. En ese sentido, el terremoto de Cusco fue visto como una oportunidad para ofrecer apoyo en la reconstrucción de la Catedral del Cusco apelando a la tradición histórica y espiritual que unía a ambos países dentro de una misma nación católica. El proyecto fue exitoso y permitió no solo el ingreso de España en la ONU, sino también el ascenso político del embajador español Fernando María Castiella, así como de profesionales vinculados a la reconstrucción de la catedral, como Andrés León Boyer.
Por último, quisiera volver a resaltar el estilo y enfoque desde el que se ha narrado el libro, ya que este no aborda el terremoto solo desde las discusiones urbanísticas o los proyectos de cooperación internacional, sino también desde el drama humano y los conflictos locales. Según el autor, la prensa de la época es una fuente muy rica para el análisis de la vida cotidiana del Cusco de aquellos años, pues brinda información pormenorizada sobre asuntos de la vida diaria de sus habitantes; debido a ello, a lo largo del libro encontramos testimonios y quejas de los damnificados por el terremoto, lo cual nos aproxima -desde la sensibilidad humana- a las condiciones de necesidad que debieron vivir en los campamentos, en medio de las lluvias, barros, mercado negro, inseguridad y especulación de viviendas. Del mismo modo, las fuentes locales permiten contrastar el discurso «tecnocrático», limeño e internacional frente a las necesidades locales de los cusqueños, así como las respuestas autogestivas que comenzaron a desarrollar frente a la demora y parálisis constante del proceso de reconstrucción. Así, pueden comprenderse las críticas crecientes por parte de los cusqueños hacia Luis Valcárcel, persona notable de la ciudad imperial, por su gestión al frente de la Junta de Reconstrucción, o las críticas al utopismo idealizado del Plan Piloto de Luis Miró Quesada Garland frente a urgencias por una vivienda inmediata.
En conclusión, El terremoto de Cusco de Raúl Asencio es un libro novedoso por las múltiples entradas desde las que aborda un episodio concreto en tanto evento global. El autor no solo analiza los distintos proyectos urbanísticos propuestos en aquellos años, sino que los vincula con intereses políticos específicos a través de iniciativas de cooperación internacional dentro del marco específico de los primeros años de la Guerra Fría global. Más allá de ser un recuento cronológico de los acontecimientos y proyectos discutidos, el libro también aborda el drama humano del desastre y cómo la sociedad cusqueña respondió -a veces de manera espontánea- a estas condiciones de urgencia y necesidad. Si bien la ventana de oportunidad abierta por el sismo se cerró en 1953, el Cusco que se desarrollaría en los años siguientes sería muy distinto al conocido hasta entonces.
