¿Hubo gigantes en América?

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¿Hubo gigantes en América?

Desde la temprana colonización, la idea de que existían gigantes en el Nuevo Mundo estuvo muy presente en la imaginación de los europeos: los relatos de tradiciones populares habían alimentado un mundo de fantasías y temores medievales. De hecho, la primera mención de su existencia fue en el relato de viaje de Fernando Magallanes en la bahía de San Julián (Argentina).

Otros cronistas, como Agustín de Zárate, Pedro Gutiérrez de Santa Clara, Cieza de León y Garcilaso de la Vega contaron que estos seres se asentaron en Santa Elena y Puerto Viejo. Para los españoles, su desaparición se debió por sus costumbres sodomíticas: fueron castigados con rayos de fuego que los calcinaron de inmediato. Por ello, solo se pudieron encontrar huesos enormes ennegrecidos.

La ausencia de evidencias físicas en los años siguientes conllevó a que el interés hacia estas criaturas fuera desvaneciéndose. Sin embargo, hacia fines del siglo XVIII sería la ciencia moderna la que reviviría el tema. Todo empezó cuando los naturalistas como el conde Buffon y Cornelius de Pauw señalaron en sus estudios que América les parecía un continente joven e inferior: prueba de ello era, por ejemplo, que los americanos eran de proporciones menores e inestables.

La respuesta de los científicos e intelectuales americanos no se hizo esperar. Uno de los argumentos que se utilizaría sería la existencia de los gigantes indianos: así, los restos de Santa Elena y los patagones -nunca vistos- se convirtieron en las más sólidas pruebas de la supremacía de la naturaleza americana.

En ese contexto, en el virreinato del Perú, se logró descubrir a un “gigante”: un indio de Castrovirreyna, de 24 años, llamado Basilio Huaylas. Su descripción fue recogida por Aristio, que era el seudónimo de Hipólito Unanue. Así lo presentó en la edición del 29 de abril de 1792 del Mercurio Peruano:

👉 “Tiene de largo 7 pies castellanos, 2 pulgadas y algunas líneas (1.95-96 m.). La distribución de sus miembros no está proporcionada. De la cintura para arriba son monstruosos. Tiene cerca de una tercia de cara, cinco sesmas en el ancho de la espalda, y tan largos los brazos que, estando de pie derecho, las puntas de los dedos de las manos tocan las rodillas. De la cintura para abajo, se halla un poco desmedrado.”

✅ Fuente: Sandro Patrucco. Hipólito Unanue, estudioso de los gigantes.

📷 Marinero dando una galleta a una india patagona. Grabado incluido en la relación del viaje de John Byron (1767).

#America#historia#gigantes

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