Reseña | Gabriel Cid. La Esparta americana. Memoria, identidad y nacionalismo en torno a la Guerra del Pacífico. Santiago de Chile: Crítica, 2026.

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Por Luis Leyva (PUCP/UNQ)

La Guerra del Pacífico (1879-1884) constituye uno de los conflictos internacionales más importantes del siglo XIX latinoamericano. Ello no solo por la cantidad de bajas, la movilización de recursos o el resultado de la guerra en cuanto a territorio adquirido, sino también por su relevancia en la configuración de las memorias e identidades de cada una de las partes en conflicto. En el caso chileno, la memoria acerca de la guerra supone la exaltación de una serie de valores vinculados a la civilización y a la superioridad moral de los chilenos frente a los bárbaros e inferiores peruanos y bolivianos, quienes, aun teniendo mayores recursos y ejércitos, sucumbieron frente a la heroicidad de los chilenos, los “espartanos de América”. La exploración del recuerdo de la guerra y sus implicancias en la sociedad civil chilena es el tema principal del libro de Gabriel Cid, La Esparta americana. Memoria, identidad y nacionalismo en torno a la Guerra del Pacífico (Santiago de Chile: Crítica, 2026). En este, el autor realiza una aproximación cultural al fenómeno de la guerra desde distintas iniciativas desplegadas para la configuración de memorias colectivas acerca del conflicto y del modo en que estas impactaron en la identidad nacional chilena.

El libro busca demostrar tres ideas principales. La primera es que la Guerra del Pacífico permitió la configuración de un discurso nacionalista chileno a través de la elaboración de distintas narrativas históricas desplegadas acerca del conflicto durante y después de dicho suceso en medio de un contexto de modernización de la esfera pública. En segundo lugar, cuestionando la idea del Estado chileno como único agente que produjo una sola memoria oficial, se destaca el rol de distintos actores de la sociedad civil que contribuyeron a la elaboración y discusión de otras memorias acerca de la guerra a partir de sus intereses particulares. Finalmente, el autor analiza la pervivencia intergeneracional de la memoria a través de dos ciclos de auge, declive y recuperación del tema de la guerra a través del despliegue de distintas políticas de la memoria en el espacio público chileno. Para ello, el libro se divide en cinco capítulos donde se analizan diversos ámbitos en los que la memoria de la Guerra del Pacífico fue objeto de disputa: en primer lugar, en la narrativa historiográfica oficial; luego, en la conformación del panteón heroico de la guerra; en un tercer momento, en los “lugares de memoria” de la guerra; después, en distintos productos que configuraron la cultura visual del conflicto; finalmente, en los distintos géneros literarios que buscaron narrar la guerra.

Un primer elemento por destacar del libro es la variedad de fuentes utilizadas en cada uno de los capítulos analizados. La propuesta del autor consiste en analizar una serie de productos culturales diversos que permiten observar de qué manera los múltiples registros son utilizados para configurar determinadas narrativas y memorias acerca de la guerra. Para ello, se sirve no solo de fuentes textuales -tales como libros de historia, manuales escolares, documentos administrativos, periódicos, novelas, poemarios o guiones teatrales-, sino que también recurre a fuentes visuales -fotografía, cine, pintura de guerra, ilustraciones, almanaques- y materiales -restos materiales de los soldados, vestigios y equipamiento de guerra, edificaciones, objetos en museos, etc. Esta amplitud de corpus podría parecer, en un inicio, demasiado extensa y desbordante; sin embargo, la manera en que es abordada por el autor permite seguir el argumento central a través de los ejemplos mostrados. En ese sentido, el primer capítulo, que aborda la construcción de una narrativa histórica acerca del conflicto y su diseminación -y posterior apropiación- entre los chilenos durante las décadas de 1880 y 1920 resulta fundamental al proponer un ciclo de auge, desplazamiento y recuperación del pasado de la Guerra del Pacífico. A medida que el país experimentó un proceso de progresiva democratización y acceso a nuevos bienes de consumo propios de una incipiente sociedad de masas, algunos de los soportes y medios por los cuales estas narrativas se diseminaban fueron adquiriendo mayor protagonismo en desmedro de otras, como lo fue el caso del cine o la fotografía. La mayoría de las producciones analizadas a lo largo del libro tenía como finalidad la exaltación del nacionalismo y el sentido cívico del deber por encima de consideraciones estrictamente estéticas.

Por otro lado, destaca en el libro el análisis intergeneracional de las distintas “políticas de memoria” desplegadas en Chile entre 1880 y 1920, lo que le permite proponer al autor que el nacionalismo chileno de 1880 no es el mismo que el nacionalismo criollo de 1910 -el del Centenario de la Independencia-, pues estos responden a dos generaciones distintas que experimentan un país en situaciones muy distintas. Si durante la Guerra del Pacífico fue el momento de creación del panteón de héroes individuales -Prat, Baquedano, pero también mujeres como Irene Morales- y colectivos -el “roto” chileno, los Héroes de la Concepción, las “soldado-mujer”- en Chile, hacia 1910 una nueva generación reexaminará el pasado reciente chileno a partir de sus problemas coyunturales y, a partir de ello, propondrá nuevas lecturas de la guerra y sus procesos memoriales. Por ejemplo, el segundo capítulo aborda la construcción del panteón heroico chileno y analiza cómo algunas figuras, como Prat, alcanzaron una consagración oficial instantánea dada su condición de mártires a diferencia de otros, como Baquedano, cuya memoria resulta más compleja debido a su participación en la Guerra civil de 1891 y cuya heroificación recién se realizaría hacia la década de 1920. Sin embargo, Cid señala que el nacionalismo y la memoria no solo se construyen desde el Estado, sino que también puede ser construida desde la sociedad civil: desde las propias comunidades que recuperan a sus héroes locales, rememoran batallas acontecidas, realizan colectas para construir mausoleos, entre otras iniciativas propias que luego serán oficializadas por el Estado chileno a lo largo de estas casi cuatro décadas de construcción permanente del nacionalismo chileno en clave dialogal y no solo unidireccional. 

A lo largo del libro, los análisis de cada uno de los productos culturales permiten adentrarnos a las personas involucradas directa e indirectamente en los procesos de memorialización colectiva de la guerra. Así, el trabajo aborda la guerra como un hecho social total, siendo uno de los ejes para su comprensión el análisis de la manera en que los actores, mediante la elaboración de distintos productos artísticos y culturales, construyeron imaginarios en torno a la nación, específicamente, la nación en medio de la guerra. Anteriormente se mencionó el rol de los historiadores en la elaboración de distintas narrativas oficiales, pero también se destaca a lo largo del libro el caso de los pintores, fotógrafos, directores de teatro y cine, así como ilustradores y caricaturistas, además de arquitectos, escultores, literatos, poetas que buscaron retratar la guerra y a sus héroes utilizando diferentes soportes físicos y recursos técnicos, no solo para un público nacional sino también en diálogo con referentes internacionales. Sin embargo, no fueron solo los actores externos al conflicto quienes produjeron memorias sobre la Guerra, sino que también algunos sobrevivientes pudieron dejar registro tanto de lo vivido ya sea a través de literatura testimonial, quejas o últimos deseos a su muerte, o su participación en procesos de rememoración de sus voces frente a las iniciativas estatales o el olvido.

En conjunto, La Esparta Americana resulta un libro fundamental para acercarnos al fenómeno de la Guerra del Pacífico desde la memoria del conflicto. Entender el nacionalismo implica comprender -lo cual no significa justificar- las pasiones que movilizaron y alentaron a determinadas sociedades a luchar hasta la muerte por un concepto de ‘Nación’ en permanente construcción. En ese sentido, por medio de los distintos ejes de análisis presentados en el libro, Gabriel Cid demuestra que el discurso nacionalista chileno elaborado a partir de la Guerra del Pacífico no fue homogéneo ni lineal. Se trató, más bien, de un proceso complejo en el que tanto el Estado como distintos actores de la sociedad civil buscaron establecer determinadas memorias en un marco temporal marcado por un ciclo de auge, declive y recuperación del interés por este conflicto internacional.

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