Por Luis Leyva (PUCP – UNQ)

El debut literario de Mario Vargas Llosa con La ciudad y los perros (1963), publicado en Barcelona por la editorial Seix Barral, marcó un hito no solo en la trayectoria del autor, sino también en la relación de los autores latinoamericanos con el mercado editorial español. Se le suele considerar la obra que marcó el punto de partida del llamado Boom latinoamericano, consolidando tempranamente al novelista peruano como un autor consagrado y referente intelectual de esta nueva generación de escritores que, junto a Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Carlos Fuentes, conformarían los pilares fundamentales de este fenómeno cultural-editorial. Sin embargo, La ciudad y los perros tiene toda una historia previa, la cual es analizada a profundidad por Carlos Aguirre en esta Biografía de una novela. Como una precaución inicial, ha de señalarse que esta reseña corresponde a la tercera edición corregida y ampliada, publicada en 2025 por el sello editorial Debate, en la cual se incluyen añadidos específicos con respecto a la primera (Fondo Editorial PUCP, 2015) y segunda edición (Renacimiento, 2017).
En primer lugar, considero que el término “biografía” es el más adecuado para definir el trabajo desarrollado a lo largo de las páginas del libro, ya que el autor reconstruye el proceso de creación, producción, circulación y recepción de la novela en tanto artefacto material y cultural, situando el libro-objeto en su contexto histórico específico. En ese sentido, Aguirre deja en claro desde un inicio que esta obra no es ni pretende ser un trabajo de análisis o crítica literaria sino uno de corte histórico vinculado con los Estudios sobre el Libro y la Edición, pero también emparentado con la Historia Intelectual. A lo largo de sus páginas, el autor realiza un análisis minucioso de una amplia variedad de corpus documental, siendo especialmente relevante la correspondencia privada del escritor con sus amistades, tales como Abelardo Oquendo, Luis Loayza y Sebastián Salazar Bondy, o el editor Carlos Barral. Destaca también el cotejo entre los distintos borradores de la novela que sufrieron comentarios por parte de la censura franquista, así como de las varias ediciones de la obra en distintas reimpresiones a lo largo de Hispanoamérica; también son utilizadas las memorias de editores, novelistas y agentes literarios de la época, noticias en prensa acerca de la novela, y una serie de entrevistas a testigos de la época, siendo uno de los entrevistados claves el propio Mario Vargas Llosa en octubre de 2013. El uso inteligente de todas estas fuentes permite una reconstrucción de la “biografía” de la novela desde distintas perspectivas, lo cual enriquece el análisis y complejizará, como veremos, las cuestiones que Aguirre se preguntará a lo largo del libro.
Dividido en cinco capítulos, el libro de Aguirre reconstruye el itinerario de un joven Mario Vargas Llosa, quien escribirá La ciudad y los perros a partir de sus experiencias vividas en el Colegio Militar Leoncio Prado durante su educación secundaria. Si las memorias juveniles del escribidor en El pez en el agua (1993) terminaban con su segunda partida a Europa hacia 1959, esta “biografía” es, en cierto sentido, una especie de continuación al permitir conocer un poco más las vivencias del futuro Nobel peruano en Madrid y Paris: en la primera ciudad realizaría sus estudios de posgrado y escribiría el primer borrador de la novela, mientras que sería desde la segunda donde iniciaría la aventura por conseguir su publicación. El recorrido que traza Aguirre a partir de la correspondencia privada de Vargas Llosa con sus amigos -en especial con Oquendo, quien fungiría como su representante en Perú- es vital para comprender los vaivenes a los que se enfrentó el autor en sus años iniciales como novelista latinoamericano en Europa. Este último aspecto es primordial, señalará Aguirre, pues fue su condición de no-español, además de otros factores extraliterarios, los que facilitarán la publicación de su primera novela y su rápida consagración como escritor internacional e intelectual público. Así, el argumento del libro podría resumirse de la siguiente manera: para comprender la “biografía” de La ciudad y los perros, es necesario atender no solo a los aspectos literarios de la obra, sino contextualizarla dentro de marcos políticos, sociales, culturales, diplomáticos y comerciales que son las que, en última instancia, determinaron su publicación y posterior consagración.
El libro parte, entonces, ubicando a Mario Vargas Llosa como un autor peruano y latinoamericano con simpatías por el socialismo y animado -como buena parte de la intelectualidad regional de aquellos años- por la Revolución Cubana. Asimismo, las redes de sociabilidad intelectual -tanto en Perú como en el extranjero- que fue construyendo a lo largo de sus años iniciales le permitió posicionarse rápidamente dentro del campo literario e intelectual hispanoamericano rápidamente, esto último impulsado gracias a los premios internacionales recibidos por su obra y el aprovechamiento de los escándalos que giraron alrededor de su novela. Aguirre en ningún momento desestima la obra de Vargas Llosa -de quien se considera admirador en lo literario pero muy crítico en su faceta política-, pero recalca que la comprensión del éxito y consagración de las obras no dependen solamente de criterios formales y estéticos, sino también de aquellos otros factores mencionados anteriormente. Esto último es aún más relevante cuando se atiende al contexto histórico específico en el que el autor comenzó su trayectoria literaria: en medio de la Guerra Fría y con una obra publicada en la España franquista y que llegó a distribuirse también en un Perú que se encontraba en plena dictadura militar. Es decir, contextualizada en un ambiente altamente politizado que le trajo una serie de problemas al autor y a la novela, los cuales repercutieron en su relevancia internacional que la posicionaron en el centro de los debates político-intelectuales muy aparte de los méritos literarios por los que también fue reconocida.
El atractivo principal del libro, aquello por lo cual los lectores seguramente no dejarán la obra hasta terminarlo, es el análisis crítico de los mitos existentes alrededor de la novela. A partir del aparato documental mencionado anteriormente, Aguirre realiza este ejercicio de contextualización de la novela para cuestionar y matizar determinados episodios alrededor de la obra. En el capítulo 2, la pregunta gira alrededor de las razones del interés particular del editor Carlos Barral por La ciudad y los perros, así como por las razones extraliterarias que podrían explicar el Premio Biblioteca Breve 1962 en la que dicha novela resultó ganadora por unanimidad. En el capítulo 3, se discute hasta qué punto es cierta la afirmación de que editor y novelista “enfrentaron” la censura franquista y lograron “restituir” ciertos “cambios menores” en futuras ediciones de la obra; esto a partir de un análisis de las dinámicas de la censura y autocensura en la España franquista, así como de las importancias de los contactos y negociaciones adecuadas para sortear ciertas dificultades formales iniciales. En el capítulo 4, se analizan las problemáticas materiales y técnicas con respecto a las distintas ediciones de la obra -principalmente la española en Seix Barral y la peruana en Populibros-, así como las repercusiones diplomáticas y comerciales que comenzó a generar el libro desde que comenzó a circular, en algunos casos, debido a la inclusión -o, mejor dicho, no retiro oportuno- de determinados pasajes no aprobados inicialmente por la censura que generaron cierta oposición por parte de sectores militares y conservadores. Las consecuencias más visibles de este último punto se analizan a profundidad en el capítulo 5, que gira alrededor del famoso mito extendido acerca de la supuesta quema de ejemplares de la novela en el patio del Colegio Militar Leoncio Prado, escenario principal donde acontecen los episodios narrados en la obra; asimismo, capítulo explora otros fenómenos de trascendencia internacional, tales como las políticas de cesión de derechos de la obra a nivel internacional y las repercusiones en el campo cultural en temas vinculados a la censura, el compromiso intelectual y la consagración mediática y literaria del autor.
El libro de Carlos Aguirre constituye, sin duda, una de las mayores contribuciones en la historiografía peruana reciente, no solo por el tema abordado, sino por demostrar de qué manera es posible aprovechar el aparato documental para analizar críticamente un “tema-problema” acompañado de una prosa atrapante y detectivesca que es, al mismo tiempo, rigurosa con los estándares académicos internacionales. El hecho de que esta obra haya tenido hasta el momento tres ediciones, y que el autor siga publicando artículos y libros alrededor de este tema -tales como La ciudad y los perros. Últimas noticias (El Jute, 2020), y, con Kristina Buynova, Cinco días en Moscú. Mario Vargas Llosa y el socialismo soviético (1968) (Reino de Almagro, 2024)- demuestra, asimismo, la riqueza que supone trabajar episodios y mitos en apariencia anecdóticos bajo la mirada atenta de un historiador. Celebramos, en ese sentido, que este libro nos permita comprender aún más la vida y obra de Mario Vargas Llosa en toda su complejidad.
